miércoles, 8 de julio de 2009

¿Cómo estudiar historia?


Discerniendo historia provechosa


Por necesidad, la mayor parte de los lectores modernos tienen que apoyarse en lo que otros han aprendido de la lectura de antiguas fuentes históricas. La persona corriente no tiene tiempo para desenterrar todas las fuentes y compararlas una contra la otra, para determinar la verdad del asunto. Aún así, ella se quiere beneficiar de la historia. Además de los posibles prejuicios, otro importante factor que debe tenerse en cuenta cuando leemos documentos históricos es el móvil del escritor. “Cualquier suceso narrado por los que están en el poder, por quienes desean obtenerlo o por sus amigos debe analizarse con la mayor de las desconfianzas”, señala Michael Stanford, en su libro A Companion to the Study of History. Los testimonios históricos que incitan, sea sutil o descaradamente, al nacionalismo y al patriotismo también son cuestionables. Lamentablemente, esto ha sucedido a veces con los libros de texto. Un decreto gubernamental de cierto país dijo abiertamente que el propósito de enseñar historia es “fortalecer los sentimientos nacionalistas y patrióticos del pueblo, pues conocer el pasado de la nación es uno de los mayores incentivos para el patriotismo”.

Por lo tanto, al leer obras históricas, el individuo discernidor tendrá en mente preguntas como éstas:
¿Cómo usa el escritor los hechos (los cuales pueden ser correctos)? ¿Tiene él algún ‘fin interesado’? ¿Se le pide que crea algo que uno sabe por su propio sentido de justicia que es incorrecto? O, ¿se le dice que acepte como veraces asuntos que uno sabe por experiencia propia que van contra la naturaleza humana? ¿Usa el escritor el pasado de algún modo para glorificar un sistema religioso o político o algún modo de vivir que ya se ha demostrado completamente incapaz de hacer frente a los problemas a los que se enfrenta la humanidad? ¿Hay un esfuerzo de glorificar a una nación o raza indebidamente o rebajar a otra? Si es así, el que tiene discernimiento sabe que definidamente se necesita precaución al leer esas historias.
Además recuerden que cuando falta información o quedan dudas, los buenos historiadores suelen indicarlo, aunque formulen sus propias teorías para llenar esas lagunas. En cualquier caso, los lectores prudentes consultan más de una obra de referencia si desean tener una visión equilibrada de los sucesos.
Sin embargo ciertos factores se deben tener presente al estudiar que influyen en la compresión del lector:

El ambiente en que estudias:
La mayoría de nosotros necesita un lugar tranquilo que se haya apartado para estudiar. De ser posible, estudia en un escritorio o una mesa que tenga mucho espacio sobre el cual esparcir tu trabajo. Mantén a la mano los materiales, como lápices y papel, para que no tengas que estar levantándote constantemente. Sería mejor quitar de la vista cuadros que distraigan o recuerdos que haya sobre el escritorio. Y, sentimos mucho tener que decirlo, el tener encendida la TV o la radio generalmente impide que uno se concentre. Lo mismo sucede en el caso de llamadas telefónicas o visitas. El estudiar es asunto serio... completamente serio.

Iluminación: La buena iluminación reduce el cansancio que produce el estudiar, y protege la vista.
Y no te olvides de examinar la ventilación y la temperatura de la habitación. El ambiente de estudio es más estimulante en una habitación fresca que en una calurosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario