miércoles, 8 de julio de 2009

Mejore su lectura... ¡puede lograrlo!


CLARO que no hay ninguna fórmula mágica para mejorar su lectura. No obstante, si usted sabe leer, entonces ¡puede leer mejor! No podemos esperar leer mejor si no leemos con regularidad. A diario se debería dedicar por lo menos media hora a la lectura... o más si es posible.




Cambie sus hábitos de lectura


Obviamente, no sabemos leer al nacer. La lectura, como muchas otras cosas en la vida, es una habilidad que se desarrolla. ¿Puede alguien llegar a ser buen pianista sin practicar el piano? O ¿puede alguien llegar a ser buen jugador de tenis sin jugar mucho al tenis? Si la persona desarrolla malos hábitos a principios de su carrera como pianista o jugador de tenis, tiene que corregirlos, o quedar perjudicado por ellos.

Preste atención al ritmo

Leer y reconocer van de la mano. Ahora mismo, mientras lee, está reconociendo términos y recordando su significado. Pues bien, si amplía la zona de reconocimiento, aumentará la velocidad de la lectura. En vez de detenerse a mirar cada palabra, trate de ver varias de un golpe. Según vaya dominando esta técnica, entenderá con más claridad lo que lea.
Introdúzcase en las escenas que describe la lectura. Trate de visualizar los personajes e implíquese emocionalmente en sus experiencias. ¿Qué hace cuando se encuentra con una palabra que no entiende? A veces, los términos poco conocidos se definen o explican en el propio texto, o quizá el contexto le permita deducir su significado. En caso contrario, deténgase a consultar un diccionario o ponga una marca para preguntar a alguien más tarde. De esta forma, ampliará su vocabulario y su comprensión de la lectura.


El leer bien resulta en muchos beneficios

Es esencial tener buenos hábitos de lectura, sea uno estudiante, profesional, ama de casa, oficinista u obrero de fábrica. Son muchas las puertas que están abiertas para los que saben leer bien.
Por eso, no cabe duda de que hay abierta una puerta que lleva a un mundo de conocimiento y emoción para toda persona que quiera entrar por ella. La clave es la lectura. ¡Sí, lea bien y esta puerta estará siempre abierta para usted!

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